
Hay días alegres de luz clara y viento piadoso, días de luz cegadora y de un aire que parece arrancarnos trozos de alma.... Días en los que hombres y mujeres sonríen por nada en especial, sin que haga falta.... Son días crueles para otros, quizás también para nosotros... para mí...
Días en los que una luz cruel nos baña, y sin filtro alguno nos muestra al mundo el incluso a nosotros mismos,,, como realmente somos.... Nos despoja de todo nuestro misterio, si alguna vez lo tuvimos si alguna vez lo tuviera...
Y esa luz diáfana nos muestra con todo esplendor un mundo indiferente, un mundo al que apenas importamos,,, siendo quizás ese apenas, un lujo que nos permite creernos algo, un regalo de nosotros mismos para nosotros...
Y luego el viento, ese viento gélido que nos roba temperatura, nos deja insensibles a otra fuente de calor, inmóviles, quietos, estáticos, sin poder huir o protegerse... No hay consuelo, la piel se desengaña en esos días claros y despejados, no espera caricias, sólo siente la desnudez de la indiferencia.
Hubo un tiempo en el que caminamos, o no... Tiendo a imaginar cosas que pudieran dar valor a la vida, a ésta que padezco,y sueño sentirme como los árboles, árboles de monstruosas y retorcidas raíces profundizando en tierra estéril,,, saciando sed con arcilla húmeda que sólo nos permite no desecarnos, no nos deja ni morir... Una tierra cruel, falsa y mentirosa.
¡Qué angustia da ver nuestras hojas arrastradas por el viento, secadas por un calor que no es necesario!
Se arremolinan nuestros restos en sucias esquinas infectadas de vergüenzas, se escurre la reseca savia como un engrudo, no son lágrimas, las lágrimas se evaporan... No se llora a plena luz, es tan sólo sudor, es lo que cuesta el colosal esfuerzo de aspirar un hálito más.
Es en estos días, donde el brillante amor y el triste hedor se hacen patentes como alimañas que nos devoran poco a poco, incesantemente,,, no nos podemos distraer... El amor brillante y cristalino es agua que se escurre entre las manos, entre las ramas, se va, se pierde,,, y queda el hedor, la paranoia de la soledad que se hace profunda y dura cicatriz.
Una poda, un doloroso corte que libere la savia, una grumosa sangría que alivie la presión no puede hacer daño.
Arbol,mujer...
Una vez fui mujer, y ahora pago errores.
¡Qué más da ser árbol una mujer cuando la prisión, el castigo, es la tierra, el suelo, el polvo!
¿Soy un árbol milenario, o una mujer ancestral algo acabado, como ellos?. Somos unos cuantos, lo sé, debe haber más árboles como yo, no quiero ser la única, no quiero seguir siendo maldecida por alguna razón que está enterrada ya en las entrañas de la tierra, por algún error que no consigo recordar entre tantos cometidos.
¡Quedan tantos años de ser bañado por esta luz inmisericorde, ignorado, viéndolos reír, mirarse los unos a los otros, reconocerse!.
Duele ser nada, ser indiferencia.
Es demasiado larga la vida.
Demasiado retorcida...
No hay comentarios:
Publicar un comentario