En mi torpe deambular por las líneas inconexas de la, a veces dolorosa narración, y otras de deseos y alegrías incontenibles, fluyen a borbotones, en el laberinto de mi cerebro recuerdos de tus ojos de miel, de tu sonrisa sincera, de tus besos sabor a primavera y también de la juventud perdida. Deseo borrar de mi horizonte, el presente siniestro y abrazar el pasado feliz que tanto echo a faltar en este día caluroso que aprisiona mis neuronas contra el suelo intentando escapar del pasado entre las páginas y las líneas de una historia que no consigo enhebrar en su aguja.
Te amé hasta el infinito. Me embrujaste con tu esencia y tu sonrisa. Ahora, las arrugas del tiempo, las pasiones perdidas en el torbellino arrasador de ilusiones pasadas y jamás olvidadas, este calor bochornoso pegado a mi piel, no consiguen que retome la historia frente a mis ojos. Sigo embaucado en los recuerdos de un pasado detenido, paralizado para siempre en las imágenes que aparecen y desaparecen como reflejos que me atormentan.
Un tormento que es una delicia que me embruja y acaricia mi corazón.
Te amé hasta el infinito y hoy no quiero terminar de leer este libro arrastrándome por sus páginas, aplastado por el calor asfixiante que me entumece; solo deseo viajar a ese infinito y... quedarme contigo.
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