
Hace frío. No hay nadie a mi alrededor. Miro hacia arriba, y percibo un cielo, que se me antoja inalcanzable desde las profundidades del pozo en el que me encuentro. Estoy en lo más profundo, tengo miedo, estoy cansada de intentar subir. Me sangran las uñas partidas de haber intentado trepar por los muros de tierra y roca. Ni siquiera hay agua. El pozo está seco. Me siento a esperar. A esperar... ¿el qué? Nadie vendrá a buscarme aquí. No le has dicho a nadie donde estaría. No puedo recriminar a nadie que no vengan a ayudarme. ¿Gritar? Seguramente será inútil, la gente dejó de pensar mi. Seguramente nadie me oiría.Recordar. ¿Sirve de algo recordar? El cuerpo entero tiembla simplemente al intentarlo. ¿Realmente merece la pena saber `por que caí al pozo o quizás baje voluntariamente , quizás engañada por un reflejo dorado en su fondo? Ya da igual. Lo que importa es que estoy aquí, en lo más profundo de todo. Debajo de tus pies no hay ningún lugar al que ir. Ya no se puede seguir descendiendo más. Por primera vez soy consciente de lo que supone. Sigo sin recordar por qué estoy aquí. Sigo sin recordar cuándo llegue, cuántos peldaños estuve bajando sin comprender hacia dónde iba. Seis... veinte... cien... bajar no costaba ningún trabajo. Hasta parecía agradable, siempre que no mirara hacia arriba, y viera lo que estaba dejando atrás.El cielo sigue siendo azul. Es del mismo color que todos los días, cada vez es más hermoso. Cada vez se está más oscuro aquí dentro. Quiero salir. Pero no sé cómo hacerlo. Esta vez no grito, ya me he cansado. Esta vez, escucho. Tengo miedo. Es un nuevo inicio, un cambio. El terror se apodera de mí. Sé que quiero salir, tengo miedo, pero no me detendrá esta vez. Mis pies ya no tocan el suelo, voy ascendiendo lentamente. No sé cuánto he subido, no quiero mirar hacia abajo. Un peldaño. Mis pies encuentran un peldaño en el ascenso. Ahora hay más sombras en lo alto: les tiendo mis brazos. . Alzo mis brazos hacia arriba con tanta fuerza que siento que los voy a desgarrar. Más dolor, ya nada importa. Siento una cálida mano. La agarro con fuerza, como si no existiera nada más en el mundo: no existe nada más en el mundo, y ahora soy conscienteSé que no quiero volver, jamás. Pero seguramente no será tan sencillo. Algo me dice que he quedado en regresar, no sé cuántos peldaños bajaré esta vez, pero he de aprovechar hasta entonces. ¿Recordar? No, prefiero simplemente no olvidar. Miro en mi derredor. Pozos. Hay muchos pozos. No oigo gritos desde su interior. Me asomo a uno. Lloro al ver quién hay allí. ¿No eras tú quien me diste tus brazos para salir? Toma ahora los míos, y perdona por no haber venido antes, cuando debiste gritar la primera vez: estuve ocupado gritando por mí, y no supe escucharte.
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